La princesa Mononoke
(もののけ姫 Mononoke Hime?) es una
película de animación japonesa escrita y dirigida por Hayao Miyazaki, estrenada
en 1997. Fue producida por Studio
Ghibli y distribuida por Tōhō. La princesa Mononoke fue
el undécimo largometraje de Studio Ghibli y el sexto dirigido por Miyazaki.
Ambientada en un Japón del
período Muromachi, se centra en la lucha entre los guardianes sobrenaturales de
un bosque y los humanos que profanan sus recursos, visto por el forastero
Ashitaka. En realidad, Mononoke (物の怪(もののけ)?) no es un nombre, sino
una descripción que puede ser traducida en este contexto como «espíritu
vengador»; por lo que el título de la película literalmente podría traducirse
como La princesa de los espíritus vengadores.
La cinta fue estrenada en
Japón el 12 de julio de 1997, mientras que en Estados Unidos lo fue dos años
más tarde, el 29 de octubre de 1999. Fue un éxito de taquilla casi instantáneo,
teniendo a su vez una repercusión mediática excepcional, convirtiéndose así en
la película de mayor recaudación en Japón de 1997. El filme también fue la
mayor película taquillera de Japón hasta el lanzamiento de Titanic en noviembre
de ese año. También ocupó el primer puesto de las películas más taquilleras de
la historia de Japón hasta el 2001, cuando se estrenó El viaje de Chihiro, otra
película escrita y dirigida por Miyazaki. Fue doblada al inglés y distribuida
en el continente americano por Miramax, y, aunque la película no gozó del mismo
éxito que en su país de origen, obtuvo ventas positivas, aumentando de manera
considerable la popularidad de Ghibli y su influencia fuera de Japón.
Argumento
La tierra natal de Ashitaka
El último príncipe emishi,
Ashitaka, salva a su aldea del ataque de un Tatarigami, un demonio que destruye
todo lo viviente con tan solo tocarlo. Usando su arco, Ashitaka le da muerte,
siendo herido por este, dejando una oscura marca en su brazo. Al observar el
cadáver del monstruo, Ashitaka descubre que en realidad era el dios jabalí
Nago, quien fue corrompido hasta convertirse en un tatarigami. Ashitaka
consulta a los ancianos de la aldea, temiendo por su vida al sospechar que la
herida dejada por el demonio en su mano le haya transmitido su maldición. Estos
descubren una enorme bola de hierro en el cuerpo de Nago y comprenden que era
la causa de su sufrimiento, lo que llevó al dios a la locura. La anciana del
pueblo explica al joven que aunque su herida solamente cubre su brazo, se
extenderá por su cuerpo y huesos hasta que muera. La maldición es un arma de
doble filo, porque en los momentos donde se deje llevar por el odio obtendrá
una fuerza sobrehumana a cambio de que se propague más rápido. Cuando esto
ocurre, su brazo se llena de gusanos negros retorciéndose, similares a los que
tenía Nago.
La anciana, tras leer la
fortuna de Ashitaka, vaticina que solo si viaja hacia el oeste en busca de la
tierra natal de Nago y encuentra el lugar de donde proviene la misteriosa bola
de hierro tendrá alguna posibilidad de encontrar una cura. También le advierte
que durante su viaje deberá "ver con ojos carentes de odio". Al
aceptar su destino tiene que aceptar también su exilio de su tierra natal, a la
que no podrá volver nunca más, dejando a los emishi sin heredero. Ashitaka
monta a Yakul, su leal alce rojo y se dispone a partir sin mirar atrás, ya que
está mal visto en la aldea despedirse de alguien que parte al exilio. Solo una
persona despide a Ashitaka, su hermana menor Kaya, quien le regala una daga de
cristal que le pertenece para que no se olvide de ella.
Viaje a la ciudad de hierro
En su viaje hacia el
oeste, Ashitaka ve cómo unos samuráis saquean un poblado indefenso. Ante tal
injusticia, intenta distraerlos usando su arco, pero en ese momento se activa
la maldición y le otorga a la flecha un poder sobrenatural. Aunque él solo
pretendía distraer a los samuráis, la maldición hace que su disparo vaya con
tal fuerza que le arranca los brazos a uno de ellos y decapita a otro. Tras
esto, Ashitaka descubre que cuando la maldición aflora, la marca se extiende
con mayor velocidad.
En la siguiente aldea se
encuentra con un extraño monje, Jigo, quien fue salvado por Ashitaka durante el
ataque anterior. Tras mostrarle el trozo de metal extraído de Nago, el monje le
comenta que quizá encuentre respuestas en un lugar llamado la "ciudad de
hierro". Mientras tanto, en una colina no muy lejana, una manada de kamis
del clan del lobo2asaltan a una caravana que
transporta arroz a la ciudad de hierro. Uno de los lobos es montado por una
joven, la princesa Mononoke. La líder de la manada, la diosa Moro, y madre de
los otros lobos del grupo, recibe un disparo de Lady Eboshi, la dirigente de la
ciudad de hierro, y a causa de este, la diosa cae rodando por la colina.
En su camino hacia la
ciudad de hierro, Ashitaka pasa río abajo de la colina donde tuvo el lugar del
combate y donde la corriente ha traído parte de las mercancías, así como
muertos y heridos. El muchacho descubre a la manada, donde ve a la princesa
Mononoke intentando aliviar la herida de Moro e intenta hablar con ella, pero
esta solo le dice que se vaya. Algunos kodamas, o espíritus del bosque,
aparecen y Ashitaka les pide ayuda. Ellos lo guían a través del bosque y lo
conducen a él, y a dos heridos supervivientes a los que ayuda, a la ciudad de
hierro.
La ciudad de hierro
Ashitaka finalmente llega
a la ciudad de hierro, donde se encuentra con Lady Eboshi, quien le revela gran
parte de los detalles relacionados con la razón de su maldición. La ciudad de
hierro lleva mucho tiempo en guerra con los dioses del bosque debido a la tala
de árboles para extraer el metal de las minas. Los dioses y animales, furiosos
por la destrucción de su hábitat, han emprendido una guerra contra los humanos.
Así, en una batalla entre el clan de los jabalíes y los humanos, Eboshi hirió
con su arcabuz a Nago, originando dicha maldición. Ashitaka se enfada por el
comportamiento destructivo de Eboshi, sobre todo porque le ha afectado a él.
Más tarde, se da cuenta de que Eboshi ha creado en la ciudad de hierro una
comunidad donde grupos socialmente repudiados, como los leprosos o las
prostitutas, son tratados por igual, situación que solo podrá mantenerse si se
continúa con la extracción del metal.
San, la princesa de los
lobos (la princesa Mononoke), ha intentado varias veces asesinar a Lady Eboshi
razonando que la ciudad caería sin su liderazgo. Mientras Ashitaka está en la
ciudad, San hace una de estas incursiones, dispuesta a retar a un duelo a Eboshi.
Ashitaka se da cuenta de que el duelo es una trampa de la gente de la ciudad y
lo detiene. Tras dejar a ambas inconscientes, toma a cuestas a San e intenta
dejar la ciudad. Una de las mujeres, que desea venganza por la muerte de su
marido, dispara a Ashitaka accidentalmente por la espalda; aun así, este
continúa caminando con San a cuestas, a pesar de perder mucha sangre.
Finalmente usa la fuerza de su maldición para abrir la puerta de la ciudad (que
normalmente necesita de diez personas para ser abierta) y deja la ciudad de
hierro montado en Yakul.
En el bosque
Mientras Ashitaka parte de
la ciudad de hierro llevando consigo a San, pierde la fuerza de la maldición y
cae de Yakul. Los dos lobos "hermanos" de San intentan devorarlo,
pero San los detiene. Por un lado, está furiosa porque Ashitaka interrumpió su
ataque a Eboshi, pero por otro está confusa porque él no parecía estar del lado
de Eboshi y le extraña ver a un humano ayudarle. San le pide que se explique si
quiere seguir vivo. La explicación le enfurece aún más, debido a que ella se
considera un lobo y está dispuesta a morir por su causa. Cuando San está a
punto de darle un golpe mortal, Ashitaka le dice que es hermosa, antes de caer
inconsciente. Un grupo de monos aparece, dispuestos a comerse a Ashitaka para,
según ellos, adquirir su fuerza, pero San los detiene.
San, que finalmente siente
compasión por él, decide llevarlo al gran estanque sagrado escondido en el
corazón del bosque. Deja tumbado a Ashitaka en una pequeña isla en el centro
del lago y planta un pequeño tallo al lado de su cuerpo como ofrenda. Después
intenta liberar a Yakul, pero el ciervo rechaza la oferta y se queda junto a su
amo.
Antes del amanecer se ve
una gigantesca silueta negra cuya estatura rebasa las copas de los árboles
caminando en dirección al lago; Jigo permanece escondido junto a un grupo de
jibashiri ("los que corren a ras del suelo") y les explica que ese es
el caminante nocturno, forma que tiene el Shishigami (espíritu del bosque)
durante la noche y que al amanecer se transformará en un ciervo con rostro
humano; también les recuerda que tienen la misión de cazarlo y decapitarlo por
decreto imperial, decreto que también señala que este acto no será considerado
un pecado ni les acarreará castigo divino. Mientras vigilan descubren que el
dios jabalí Okkoto y su manada llegan al bosque de Shishigami tras varios meses
de viaje. Su objetivo es matar a todos los humanos y proteger el bosque o morir
en el intento, para conseguir aquello en lo que Nago fracasó.
Finalmente al amanecer, el
espíritu del bosque se transforma y aparece ante la solicitud de San. El
Shishigami cura la herida de bala de Ashitaka con un toque de su boca, pero no
su maldición. Tras varios días en que fue cuidado por San, Ashitaka se ha
recuperado lo suficiente para caminar por sí mismo; Moro entabla una
conversación con el joven explicándole que la maldición producida por el
disparo pronto la matará, pero no sin que antes mate ella a Eboshi. Cuando
Ashitaka intenta convencerla de que el mejor camino es la convivencia pacífica,
Moro relata cómo fue que adoptó a San después de que sus padres la arrojaran a
sus pies para poder huir mientras la devoraba, prefiriendo adoptarla;
posteriormente le advierte que abandone el bosque o le matará. Moro desprecia a
los humanos, pero no con tanta pasión como San.
La guerra
Ashitaka está muy
preocupado por San y por el bienestar del bosque, pero por otra parte simpatiza
con la gente de la ciudad del hierro. Intenta ser mediador en el conflicto y
encontrar una solución que satisfaga a ambos bandos, pero tanto Eboshi como San
están cegadas por el odio y finalmente no consigue evitar que comience la
guerra. La mañana decisiva Ashitaka ya está suficentemente repuesto para irse
del bosque y San ha partido hace poco con la manada de Okkoto para cuidarlo, y
al ver que no podrá despedirse de ella pide a uno de los hijos de Moro que le
entregue la daga de cristal como regalo de despedida.
La guerra tiene lugar a
tres bandos. Un poderoso samurái, Asano, ha mandado a sus tropas a atacar por
sorpresa la ciudad, demandando la mitad de todo el hierro. En tanto, el clan de
Okkoto prepara sus fuerzas para su propia guerra. Lady Eboshi sabe que sus
principales enemigos son los humanos y no bestias o dioses, ya que estos son
más traicioneros y sus armas son más poderosas que las garras o los colmillos.
Eboshi se alía con los Jibashiri, los agentes del emperador que han llegado a
la ciudad dirigidos por el monje Jigo para derrotar a los jabalíes y matar a
Shishigami. El emperador cree que la cabeza del espíritu del bosque le otorgará
la inmortalidad y está dispuesto a pagar gran cantidad de oro por ella. Eboshi
deja a las mujeres defendiendo la ciudad, ya que está segura de que son lo
suficientemente fuertes como para defenderse. Toma esta decisión en parte
porque sabe que sus hombres son buenos cazadores, pero también porque sabe que
la traicionarían una vez que su trabajo haya acabado.
Los jabalíes, a pesar de
su gran número, caen en las trampas explosivas de los humanos. Solo Okkoto, gravemente
herido, sobrevive y escapa acompañado por San. Para matar al Shishigami, los
Jibashiri utilizan las pieles de los jabalíes para engañar y confundir el
olfato de Okkoto, que es ciego. Cuando este los huele y escucha, cree que son
los espíritus de sus guerreros que han regresado de la muerte y busca al
Shishigami para que los reviva. Antes de que Okkoto pueda llegar a la isla, los
Jibashiri intentan acabar con él, lo que causa que su odio lo sobrepase.
Entonces se convierte en un demonio, con muchos gusanos rojos de odio saliendo
alrededor de su cuerpo. San intenta expulsar a estos gusanos del jabalí, pero
un cazador la deja inconsciente, mientras es engullida por los gusanos
demoníacos de Okkoto, quien corre hacia el lago sagrado.
Ashitaka siente que San
está en apuros y con uno de los hermanos lobo de San, rescatado del campo de
batalla, entra en el bosque a buscarla. Durante su búsqueda, se encuentra con
Lady Eboshi y le avisa que el samurái Asano está atacando la ciudad del hierro.
Los hombres de Eboshi vuelven hacia la ciudad, pero ella continúa en la caza de
Shishigami. Cuando Ashitaka encuentra a San, Okkoto ya ha llegado a la isla
sagrada. El príncipe intenta salvar a San de los gusanos, pero Okkotonushi tira
a Ashitaka al agua. Moro, que estaba inconsciente a causa del progreso de la
infección causada por el proyectil que la hirió, despierta y corre hacía
Okkoto, gritando que suelte a su hija. Moro consigue sacar a San de la
oscuridad del jabalí, usando la poca fuerza que le queda para salvar a San en
lugar de luchar contra Eboshi. Ashitaka toma a San de la boca de Moro y la
sumerge en el agua para liberarla de los gusanos malditos que quedaban en su
cuerpo.
El espíritu del bosque
Ya es casi el ocaso y el
espíritu del bosque se manifiesta con su forma de ciervo, Eboshi ordena que
nadie lo ataque hasta que esté en medio de su transformación al Caminante
Nocturno, punto en que será débil. Aun así la mujer le dispara mientras este se
dirige hacia el Jabalí, aunque esto no lo mata y sigue hasta aliviar al anciano
jabalí quitándole la vida y la maldición, mientras Moro se desmaya nuevamente.
Tras esto el espíritu comienza a cambiar al Caminante Nocturno pero, a pesar de
los intentos de Ashitaka por detener a Eboshi, en plena transformación le da un
disparo que lo decapita. Sin su cabeza, el espíritu se corrompe con la misma
maldición que Ashitaka y los jabalíes, inundando el bosque con un lodo que mata
todo lo que toca, al mismo tiempo Eboshi es mordida por la cabeza de Moro,
perdiendo así un brazo.
Todo se convierte en una
persecución de Ashitaka y San contra Jigo y los cazadores, que insisten en
escapar con la cabeza del espíritu, perseguidos por el lodo y por los muchachos
que desean purificar al espíritu devolviéndo su cabeza. Jigo escapa contrarreloj
esperando la salida del sol, momento en que morirá el espíritu, pero al verse
acorralado solo pueden ceder la cabeza a San y Ashitaka. Los muchachos encaran
al espíritu corrupto y entregan su cabeza segundos antes del amanecer, siendo
devorados rápidamente por la maldición, e instantáneamente el espíritu comienza
a purificarse y al momento de amanecer se transforma en una sustancia que
inunda toda la zona purificando y reviviendo la tierra que instantes antes
mataba y segundos después se desvanece para siempre.
Conclusión
San y Ashitaka despiertan
sanos e ilesos, solo rodeados de bellas montañas recubiertas de flores
representando el ciclo de la vida, en el cual los cuerpos alimentan la tierra;
aunque ahora Ashitaka es libre de la maldición nota que una mancha ha quedado
en su mano recordándole para siempre el significado de lo que vivió y sintió.
San procede a despedirse de Ashitaka, sosteniendo que a pesar de amarlo él es un humano y ella una habitante del bosque que no puede vivir en otro lado. Ashitaka le comunica a San que se dedicará a construir una nueva ciudad en el sitio junto con los habitantes de la ciudad de hierro, pero que a pesar de esto siempre estará con ella y se verán continuamente. Lady Eboshi, tras sobrevivir, decide que la nueva ciudad será mejor y trabajarán todos sus ciudadanos para que su progreso no cobre un precio tan alto en la naturaleza.
https://es.wikipedia.org/wiki/La_princesa_Mononoke
Vinculo
https://www.youtube.com/watch?v=QA7nTQE_wf4
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